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S.M. Anggie Mendoza: Reina del XI Selectivo Moche 2026

hace 7 días
6 min de lectura

A sus 22 años, la soberana cursa el quinto año de Medicina Humana en la UPC y proyecta su futuro hacia la pediatría.


S. M. Anggie Mendoza Fuente encarna el equilibrio entre la medicina y la marinera. Foto: Augusto Morales
S. M. Anggie Mendoza Fuente encarna el equilibrio entre la medicina y la marinera. Foto: Augusto Morales

A sus 22 años, Anggie Milagros Mendoza Fuente integra con disciplina dos vocaciones de máxima exigencia física e intelectual. Fue coronada reina del XI Selectivo Moche y asumirá el reinado de Marinera en el Mundo - Huancayo 2026, concurso liderado por Blanca Burmester. Su trayectoria trasciende los títulos: representa a una joven que halló en la marinera un refugio ante las extenuantes guardias hospitalarias y que lidera una transformación formativa en el centro del país, convencida de que tanto en un consultorio como sobre la pista de baile el verdadero valor reside en preservar la calidad humana.


Su vínculo con la marinera nació de una indicación médica en el verano de 2012, a los siete años, cuando un diagnóstico de pie plano motivó la recomendación de realizar ejercicios sobre las puntas de los pies. Aunque su anhelo era el ballet y su madre, una exvoleibolista huancaína, soñaba con verla en las canchas de vóley, la familia optó por inscribirla en un taller vacacional de marinera. Aquella temporada culminó con un concurso interno donde la organización emparejó a los participantes al azar mediante: las niñas portaban una letra y los niños un número, de modo que cada pareja se conoció minutos antes de pisar la pista, sin ensayo previo ni coreografía preparada. Pese a la improvisación absoluta, Anggie logró ser campeona, y al terminar el evento un jurado le dio a su madre el veredicto que cambió el destino del hogar: «Tu hija tiene mucho talento, se nota que le gusta, que siga bailando».


El valor de una bailarina no se agota en bandas ni coronas. Frente al prejuicio que reduce a la marinera a un pasatiempo, historias como la de Anggie Mendoza Fuente desmienten miradas simplistas y dignifican a nuestra comunidad.
Anggie encarna a esa juventud tenaz que la sociedad demanda. Ver a una joven equilibrar sus estudios con extenuantes zapateos inspira con fuerza. Prefirió interpretar con autenticidad antes que copiar figuras. Huancayo tiene en ella a una embajadora ejemplar que demostró que el talento florece en la altura y abre sendas al mundo.

En ese momento, su familia creía que la marinera solo se practicaba en verano. Dos años después, impulsada por las constantes súplicas de Anggie cada vez que escuchaba un redoble, su madre buscó alternativas continuas en la ciudad y la inscribió en 2014 en la academia de la profesora Chabela Cristóbal, caracterizada por sus salones de horario libre donde principiantes y avanzados compartían pista. Allí comenzó con faldas prestadas, posteriormente, para profundizar su desarrollo formativo, pasó a las filas de la academia Huancayo es Marinera. Pese a estos primeros logros, la danza se mantuvo durante su etapa escolar como un pasatiempo de tres tardes por semana que alternaba con la selección de vóley, el huaylarsh y la catequesis. El giro competitivo definitivo sobrevino recién en 2021, cuando fue invitada al concurso de la Municipalidad de Santiago de Surco en Lima; al ganar la categoría Junior de manera imprevista, su pareja de baile le abrió las puertas al circuito mayor: «¿Por qué no vamos a selectivos?».



CIENCIA, EMPATÍA Y PEDIATRÍA

En paralelo a sus inicios competitivos, Anggie consolidaba su rumbo académico. De niña jugaba a curar familiares con un botiquín de juguete que le compraba su madre, pero en secundaria desvió su interés hacia Derecho. Fue en tercer año, en una academia de Huancayo, donde un profesor de Anatomía y Biología despertó su pasión científica. Egresó en el décimo superior del colegio y, tras un año de intensa preparación en quinto de secundaria, rindió el examen de admisión para Medicina Humana en la UPC, atraída por su tecnología y su elenco de danzas.


Hoy encara el quinto año de carrera perfilando su internado y SERUMS hacia la Pediatría: «Porque en pediatría no solo atiendes una enfermedad, sino que cuidas al niño, acompañas a su familia y proteges su futuro. Es la especialidad de mayor exigencia, pero sin perder nunca la empatía». Esa destreza se templó en rotaciones en el Hospital Daniel Alcides Carrión del Callao y el Hospital María Auxiliadora. Fue durante estas prácticas hospitalarias donde vivió el momento más aleccionador de su aprendizaje: al atender a un paciente en estado delicado, con quien había establecido un vínculo cercano, se enteró a los pocos días de su fallecimiento. La noticia la golpeó emocionalmente, pero su tutora le brindó una guía indeleble para su futuro profesional: le recordó que el dolor no debe reprimirse y que jamás debe perder la sensibilidad ni el lado humano, advirtiéndole que muchos médicos con el paso de los años al enfocarse únicamente en salvar vidas, dejan de conectar de corazón con el paciente.


MIGRACIÓN, RESILIENCIA Y GLORIA

El salto a Lima en 2021 demandó carácter: pasó de estar siempre acompañada en Huancayo a movilizarse sola desde las siete de la mañana, alternando clases, guardias y ensayos mientras sus hermanos trabajaban. Las primeras competencias trajeron eliminaciones. El colapso ocurrió en Chorrillos al quedar en último lugar: «Recuerdo mucho el selectivo de Chorrillos: Creo que quedé última. Esa noche llegué a mi casa y le dije a mi mamá: ya no quiero bailar, no sé qué voy a hacer». La respuesta materna redefinió su templanza: «Ella me dijo: tienes dos opciones, o te rindes y dejamos todo acá, o sacas fuerzas de donde no hay y continúas, porque ¿quién te dijo que iba a ser fácil?». Al fin de semana siguiente alcanzaba su primera semifinal en San Juan de Lurigancho.


La pista se convirtió en su catarsis: entraba llorando por el estrés académico y salía riendo. Sostenida por su madre, su padre en cada viaje, sus hermanos Fabio y Piero como pilares para no rendirse, y su abuela —quien le confeccionó su primer collar artesanal—, Anggie vio llegar los triunfos: el podio en Cusco 2022, su debut en el Mundial 2024 clasificando al Domingo de Finales ante las cámaras de TV Perú, y sus primeros campeonatos en los selectivos del Club Libertad ese mismo año. Este año 2026 coronó su esfuerzo como campeona en los selectivos de Virú, Baños del Inca y Las Delicias.



EL APORTE CULTURAL A HUANCAYO

En una tierra marcada por el huaylarsh, Anggie transformó la presencia de la marinera. Fue la primera de su hogar en bailarla, inspirando a sus primos y enseñando a su hermano Favio. Su labor como instructora nació de un acto de fe: devota del Señor de los Milagros, baila descalza cada 8 de octubre en la procesión de Huancayo. Años atrás se tomó una foto con una niña en brazos; en 2024, la madre la contactó para contarle que esa pequeña, Fernanda, creció con su foto y soñaba que ella fuera su maestra. Al ver la notable evolución de Fernanda, algunas familias buscaron su guía.


Desde 2025 enseña bajo una premisa clara: «Una cosa es ser bailarina y otra muy distinta es ser profesora». Su método combate la mecanización: «Para mí bailar es contar una historia sin palabras... la marinera no es solamente aprender y repetir pasos coreografiados, sino saber interpretarla y mostrar tu propia esencia al bailar». En esa vocación docente toma como principal referente de entrega a su maestra Michelle Pimentel, a quien admira profundamente por acompañar a sus alumnos de inicio a fin todos los domingos en los coliseos. Con esa misma ética de acompañamiento, Anggie concluye con un mensaje para las niñas que se forman bajo su mirada: «Yo no quiero que aspiren a ser como yo o a lograr exactamente lo mismo que yo, sino que lleguen a inspirarse para ser mejores y entender que todo se alcanza a través del esfuerzo y la dedicación».


Con la mirada serena y los objetivos firmemente anclados en su vocación de servicio, S. M. Anggie Mendoza Fuente asume su reinado en Marinera en el Mundo - Huancayo 2026 entendiendo que una corona es, ante todo, un deber moral de dar el ejemplo y cobijar a las nuevas generaciones. Anggie camina con la solvencia de la futura pediatra y el garbo de la soberana consagrada, demostrando que cuando el intelecto y el corazón laten al unísono, el pañuelo se convierte en el lenguaje más puro de superación y vida.



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